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De la educación mixta a la diferenciada

Experiencia del profesor Gustavo Sosa González en un colegio diferenciado

2014-11-07
 

De la educación mixta a la diferenciada

Experiencia del profesor Gustavo Sosa González en un colegio diferenciado

De la educación mixta a la diferenciada

Cuando me enteré de que mi sobrina había sido admitida en un colegio donde, a pesar de asistir chicos y chicas al colegio, se recibe educación diferenciada en las aulas, mi reacción fue negativa. No pude resistir la tentación de manifestarle a mi hermana, que como docente, consideraba su decisión poco pertinente. Que en pleno siglo veintiuno, una pedagogía así era “retrógrada” y completamente anacrónica.

Por caprichos de la vida, transcurridos unos días de ese episodio, recibí una llamada de la misma Institución para una entrevista laboral. Al poco tiempo, me convertí en el Profesor de Historia para chicos.

Desde aquel momento cada hora de clase dada allí me permitió descubrir un mundo nuevo en mi vida docente. Las diferencias con las clases dadas a grupos mixtos de similar condición socioeconómica, no se hicieron esperar. El trabajo con un grupo compuesto solamente por varones me presentó menor dificultad. Ya no debía estar suponiendo, sino que podía comprender perfectamente los momentos y los modos de cada uno de quienes tenía delante.

Hasta allí todo es obviedad, al ser varón no había interferencia cuando a varones me dirigía. Sin embargo la posibilidad de un vínculo con alumnos que no tenían necesidad de disfraces, me permitió descubrir en estos jóvenes un mundo interior que consideraba de antemano, inexistente. No por falta de experiencia con adolescentes, sino porque en los grupos donde actuaban de manera mixta, vaya a saber uno si por mandato social o por qué razón, no había presenciado manifestaciones tan sinceras de sensibilidad.

En esta atmósfera de trabajo masculino, a diferencia de lo que ocurre en los grupos mixtos, la presencia de mujeres generaba un cuidado especial. Así como también la posibilidad de un respetuoso diálogo abierto, facilitaba la apertura de las emociones sin temor al ridículo. Desde la misma sección, se los acompañaba destacando que también los sentimientos son algo natural y propio del varón; y no solamente aquello que hace a la destreza física u operacional-lógica.


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Fuente: Alced Argentina
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